Alimentación y estilos de vida saludables en el paciente oncológico
Alimentación y estilos de vida saludables en el paciente oncológico
Consejo General de Colegios Farmacéuticos
18 junio 2026
Enlace para ver el video de la conferencia (1h20m)
https://youtu.be/_uO3iKiYtWg?si=VykqJLRqfZXSOOI4
Este seminario web, organizado por el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, se centra en el cuidado integral del paciente oncológico desde la farmacia comunitaria, apoyándose en dos pilares: la nutrición y el ejercicio físico.
A continuación, se presenta un sumario de los puntos clave tratados, seguido de una ampliación detallada de cada uno:
Sumario de puntos tratados
- El papel del farmacéutico: Como profesional accesible y primer/último eslabón de la cadena sanitaria.
- Riesgos y valoración nutricional: Identificación de desnutrición, caquexia y sarcopenia mediante herramientas sencillas.
- Asesoramiento dietético y manejo de efectos secundarios: Implementación de la dieta mediterránea y pautas para paliar náuseas, mucositis y alteraciones del gusto.
- El ejercicio físico como intervención biológica: Cómo el movimiento actúa contra el tumor a nivel molecular y celular.
- Manejo de la fatiga y fases del ejercicio: La importancia de la prehabilitación y el ejercicio adaptado según el tratamiento.
1. El papel estratégico del farmacéutico
El farmacéutico es considerado un punto de atención privilegiado porque a menudo es el primer profesional al que acude el paciente tras un diagnóstico o el último tras pasar por el hospital. Su labor principal no es sustituir al nutricionista o preparador físico, sino tener un criterio claro para identificar riesgos, informar con evidencia y derivar al profesional adecuado. La cercanía y confianza permiten realizar un seguimiento constante que otros niveles asistenciales no siempre pueden ofrecer.
2. Riesgos y valoración nutricional
La alteración de la composición corporal es el mayor riesgo. Se destaca que un 20% de la mortalidad en pacientes con cáncer se debe a la caquexia. Los riesgos incluyen tanto la desnutrición y la sarcopenia (pérdida de masa muscular) como el aumento excesivo de peso en ciertos tumores (mama, próstata).
- Valoración: En la farmacia se recomienda el uso del test MST por ser rápido y sencillo.
- Herramientas: Además del peso, el uso de la cinta métrica, el dinamómetro (para medir la fuerza de presión) o básculas de bioimpedancia son fundamentales para monitorizar la masa muscular y no solo el volumen.
3. Recomendaciones dietéticas y manejo de efectos secundarios
La dieta mediterránea es la recomendada, ya que puede reducir un 24% la mortalidad por cáncer y mejorar la resistencia a fármacos. Se sugieren necesidades energéticas de 25-35 kcal/kg/día y proteínas de hasta 2 g/kg/día según el estado del paciente. Para los efectos secundarios, se ofrecen pautas específicas:
- Disgeusia (sabor metálico): Usar utensilios que no sean metálicos (madera, plástico) y potenciar sabores con cítricos.
- Mucositis y Xerostomía: Evitar alimentos ácidos, picantes o cortantes; usar hidratantes bucales y fomentar la masticación para estimular la saliva.
- Náuseas y vómitos: Priorizar alimentos sólidos, evitar platos muy dulces o de olor fuerte y mantener una postura erguida tras comer.
- Infecciones: Ser extremadamente escrupulosos con la higiene alimentaria, evitando alimentos crudos o no pasteurizados.
4. El ejercicio físico como intervención en salud
El ejercicio no es solo "bueno para la salud", sino que actúa directamente sobre la biología del tumor. Se explica que el músculo en contracción funciona como una "farmacia interna", liberando mioquinas (como IL6, Irisina o la Oncostatin M) que tienen efectos antiinflamatorios y antitumorales. Además, el ejercicio ayuda al sistema inmune reclutando células Natural Killer (NK), que viajan por la sangre para atacar las células tumorales de forma más eficiente. Un programa de ejercicio regular puede romper el ecosistema hostil que el tumor construye para sobrevivir.
5. Manejo de la fatiga y fases de intervención
Un punto crítico es desmentir que el descanso cura la fatiga oncológica. A diferencia del cansancio normal, esta no desaparece durmiendo; el ejercicio cardiovascular y de fuerza es la mejor herramienta para combatirla, creando un "depósito de gasolina" para el paciente. Se distinguen varias fases:
- Prehabilitación: Preparar el cuerpo antes del tratamiento o cirugía para mejorar el pronóstico.
- Durante el tratamiento: Ajustar la dosis de ejercicio según los efectos de la quimioterapia o radioterapia (por ejemplo, cuidar la piel tras radiación o monitorizar el daño cardíaco).
- Supervivencia: Paliar efectos a largo plazo como la pérdida de densidad ósea o la "niebla mental" (chemobrain).
El farmacéutico debe aprovechar esos 2 a 5 minutos en el mostrador para plantar la "semilla" del ejercicio y la nutrición, derivando siempre que detecte señales de alerta como pérdida severa de masa muscular o fatiga extrema.
En el marco del seminario, el papel del farmacéutico comunitario se define como una figura estratégica y asistencial fundamental en el acompañamiento del paciente oncológico, destacando por su accesibilidad y la confianza que genera.
A continuación, se amplía este punto detallando las funciones y el valor diferencial que aporta este profesional:
El "primer y último eslabón" de la cadena sanitaria
El farmacéutico ocupa una posición única porque suele ser el primer profesional sanitario al que el paciente acude tras recibir un diagnóstico o notar los primeros síntomas, y el último eslabón después de pasar por la atención especializada en el hospital,. Esta dinámica de "ida y vuelta" convierte a la farmacia en un punto de referencia constante durante todo el proceso de la enfermedad.
La oportunidad de los "2 a 5 minutos"
Debido a que el paciente oncológico acude regularmente a la farmacia para recoger su medicación (quimioterapia oral u otros fármacos), el farmacéutico dispone de ventanas de 2 a 5 minutos que son vitales,. En este tiempo, el profesional puede:
- Identificar: Detectar señales de alerta como pérdida drástica de peso, fatiga extrema o falta de movilidad,.
- Informar: Desmentir mitos (como el de que el descanso cura la fatiga) y plantar la "semilla" de que el ejercicio y la nutrición son herramientas terapéuticas adicionales,.
- Derivar: Dirigir al paciente hacia el especialista adecuado (oncólogo, nutricionista o educador físico) cuando detecta riesgos que exceden su ámbito de actuación,.
Ventajas diferenciales: Accesibilidad y Confianza
A diferencia de otros niveles asistenciales que pueden estar saturados o tener horarios rígidos, la farmacia comunitaria ofrece:
- Mayor disponibilidad horaria y cercanía física.
- Un entorno de confianza donde el paciente o su cuidador se sienten más cómodos para expresar dudas que quizás no plantearon en la consulta médica por miedo o falta de tiempo,.
- Continuidad en el seguimiento: El farmacéutico ve al paciente con más regularidad que el oncólogo, lo que le permite notar cambios físicos o anímicos sutiles mes a mes.
Colaboración multidisciplinar y evidencia científica
El papel del farmacéutico no es sustituir a otros profesionales, sino trabajar de forma coordinada dentro de un equipo multidisciplinar que incluye médicos, enfermeros, psicólogos y fisioterapeutas,. Para ello, el seminario subraya la necesidad de que el farmacéutico esté formado con criterio y evidencia científica, garantizando que los mensajes que transmite sean seguros y útiles,.
En resumen, la intervención del farmacéutico desde el mostrador, aunque sea breve, puede marcar una diferencia enorme en la calidad de vida y el pronóstico del paciente al actuar como un monitor activo de su estado nutricional y físico,.
El segundo punto del seminario profundiza en los riesgos nutricionales que enfrenta el paciente oncológico y las herramientas que el farmacéutico puede utilizar para realizar una valoración efectiva desde la farmacia comunitaria.
A continuación, se detalla la información proporcionada en las fuentes sobre estos aspectos:
1. Riesgos Nutricionales y Composición Corporal
El mayor riesgo para estos pacientes es la alteración de su composición corporal, la cual no siempre se manifiesta como una pérdida de peso.
- Desnutrición, Caquexia y Sarcopenia: El 15% de los pacientes presenta desnutrición al momento del diagnóstico, cifra que asciende al 80% en casos de cáncer avanzado, derivando frecuentemente en caquexia tumoral. La caquexia es responsable de un 20% de la mortalidad en pacientes con cáncer. Además, la sarcopenia (pérdida de masa muscular y fuerza) es un riesgo crítico que debilita al paciente ante los tratamientos.
- Aumento de peso: En ciertos tumores, como los de mama, ovario y próstata, el riesgo es el aumento excesivo de peso debido a tratamientos hormonales, corticoides o factores psicológicos y metabólicos.
- Factores causantes: El cáncer actúa como un "coche hiperrevolucionado" que altera el metabolismo y quema recursos rápidamente. También influyen los tratamientos (cirugías gástricas, radioterapia o quimioterapia) y factores propios del paciente como la pérdida de apetito (hiporexia) o la ansiedad.
2. Consecuencias de la Alteración Nutricional
Mantener un estado nutricional óptimo no es solo una cuestión de estética o volumen, sino que tiene un impacto directo en el pronóstico. Las alteraciones provocan:
- Debilidad física y pérdida de masa muscular.
- Alteración del sistema inmune (vulnerabilidad a infecciones y neutropenia).
- Menor tolerancia y efectividad de los tratamientos oncológicos.
- Problemas de cicatrización tras cirugías.
3. Herramientas de Valoración en la Farmacia
El farmacéutico debe realizar una valoración sencilla pero constante para detectar riesgos de forma precoz y derivar al especialista si es necesario.
- Test MST (Malnutrition Screening Tool): Es el método de cribado más recomendado para la oficina de farmacia por ser muy sencillo y rápido de aplicar mediante unas pocas preguntas.
- Valoración Física:
- Báscula y cinta métrica: Para monitorizar el peso y los perímetros (abdominal, brazo o pierna) y detectar cambios de volumen.
- Dinamómetro: Una herramienta clave y económica para medir la fuerza de presión manual, permitiendo detectar la sarcopenia antes de que sea evidente visualmente.
- Bioimpedancia: Considerada el "gold estándar" en la farmacia para conocer el porcentaje real de grasa, masa músculo-esquelética y agua.
- Cuestionario EAT: Se utiliza para identificar señales de disfagia (dificultad para tragar), como atragantamientos, carraspeo o babeo, lo cual requiere una derivación inmediata al médico.
La detección temprana de estos riesgos permite al farmacéutico insistir en que el paciente sea derivado a servicios de endocrinología o nutrición, ganando un tiempo vital para el éxito del tratamiento.
El tercer punto profundiza en el asesoramiento dietético personalizado y las estrategias prácticas para manejar los efectos secundarios de los tratamientos, basándose en la evidencia de que la nutrición es una herramienta terapéutica clave.
Recomendaciones nutricionales fundamentales
La base recomendada es la dieta mediterránea, ya que se ha demostrado que reduce un 24% la mortalidad por cáncer, inhibe su aparición y disminuye la resistencia a los fármacos oncológicos. No obstante, los requerimientos deben ajustarse a la situación del paciente:
- Necesidades energéticas y proteicas: Se sugieren entre 25-35 kcal/kg al día. El aporte proteico varía de 0,8 g (en pacientes renales) hasta 2 g/kg al día en estados de sarcopenia o previos a una cirugía.
- Hidratación: Es vital asegurar entre 30 y 40 ml de líquido por kilo al día (aproximadamente entre 1,8 y 2,4 litros para un adulto de 60 kg).
- Personalización del plato: Aunque se usa el "plato de Harvard" como guía, en pacientes con gastrectomías o cirugías de colon se debe reducir la proporción de verduras para evitar saciedad precoz o gases, priorizando las proteínas.
Seguridad alimentaria e higiene
Debido a la vulnerabilidad del sistema inmune (frecuente neutropenia), el farmacéutico debe insistir en pautas estrictas de higiene:
- Nada de alimentos crudos: El pescado, la carne y los huevos deben estar muy cocinados, y todos los productos deben estar pasteurizados.
- Higiene de utensilios: Se recomienda que el paciente utilice sus propios cubiertos y platos para evitar contagios.
- Estado de los alimentos: No se deben consumir alimentos deteriorados aunque no huelan mal ni tengan mal aspecto.
Manejo de efectos secundarios específicos
1. Alteraciones del gusto y el olfato
- Hipogeusia (falta de sabor): Se deben potenciar los sabores con especias, salsas o adobos. La comida no debe estar ni muy fría ni muy caliente para favorecer la detección del sabor.
- Disgeusia (sabor metálico): Es fundamental evitar utensilios de metal, sustituyéndolos por madera, plástico o barro. Añadir cítricos al agua ayuda a neutralizar sabores extraños y el consumo de zinc (pan integral, marisco) ayuda a "despertar" las papilas.
- Disosmia (sensibilidad a olores): Se recomienda cocinar en ausencia del paciente, ventilar bien y servir los platos templados o fríos para reducir la liberación de sustancias volátiles.
2. Alteraciones de la mucosa oral
- Mucositis: Para calmar la inflamación se recomiendan alimentos fríos y evitar ácidos, picantes, bebidas carbonatadas o productos con alcohol (incluidos ciertos colutorios o jarabes).
- Xerostomía (boca seca): Además de beber constantemente, es importante masticar (aunque sea un puré) para estimular las glándulas salivares. Se debe limitar el azúcar, ya que la falta de saliva aumenta drásticamente el riesgo de caries.
3. Alteraciones digestivas y apetito
- Náuseas y vómitos: El tratamiento farmacológico debe ser preventivo. Se aconsejan alimentos sólidos, evitar platos muy dulces o de olor fuerte y no tumbarse inmediatamente después de comer.
- Diarrea y estreñimiento: Para la diarrea se indica fibra soluble (arroz, patata) y evitar lactosa. Para el estreñimiento, si el agua no es suficiente, el suero oral puede ayudar a rehidratar la mucosa intestinal.
- Hiporexia (falta de apetito): Se debe comer a la hora que más hambre se tenga y enriquecer los platos con frutos secos, huevo, queso o aceite para aumentar las calorías sin incrementar el volumen de comida.
Ayudas disponibles en la farmacia
Desde el mostrador, se pueden ofrecer soluciones como espesantes para la disfagia, saliva artificial, productos con ácido hialurónico para la mucosa y fórmulas de nutrición enteral o módulos (proteicos/calóricos) para evitar la desnutrición. El farmacéutico también puede asesorar sobre probióticos específicos (cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium) que han mostrado beneficios en estos pacientes.
El cuarto punto del seminario destaca que el ejercicio físico no es simplemente una recomendación general de bienestar, sino una intervención biológica directa contra el tumor, actuando como un "fármaco" que altera su microambiente y frena su progresión.
A continuación, se detalla cómo el movimiento influye a nivel celular y molecular según los expertos:
1. El músculo como "farmacia interna" (Mioquinas)
Cuando los músculos se contraen durante el ejercicio, especialmente en el entrenamiento de fuerza, liberan sustancias químicas llamadas mioquinas que viajan por la sangre hasta los órganos y el tejido tumoral. Algunas de las más relevantes mencionadas son:
- IL6: Tiene un efecto antiinflamatorio (necesario en el ambiente inflamatorio del paciente con cáncer) y ayuda a movilizar las células del sistema inmune.
- SPARC: Se ha observado que puede inhibir la reproducción de células tumorales, con evidencia sólida en modelos de cáncer de colon.
- Irisina: Induce la apoptosis (muerte celular programada) de las células del cáncer y frena su proliferación, especialmente estudiada en cáncer de mama y colon.
- Oncostatina M: Ayuda a que las células tumorales dejen de reproducirse y "maduren" (se vuelvan viejas), lo que facilita su muerte natural; ha sido muy estudiada en tumores de mama y próstata.
2. Movilización del sistema inmune (Células Natural Killer)
El ejercicio físico provoca la liberación de adrenalina, la cual recluta células del sistema inmune llamadas Natural Killer (NK) desde el bazo hacia el torrente sanguíneo. Estas células viajan directamente al tejido tumoral para reconocerlo y atacarlo con mayor eficiencia. Se ha demostrado que mantener un programa de ejercicio regular (por ejemplo, de 8 semanas) logra una mayor infiltración de estas células defensoras dentro del tumor.
3. Regulación del microambiente y el "Efecto Warburg"
Las células tumorales consumen una enorme cantidad de energía de forma ineficiente, generando mucho lactato y creando un ambiente tóxico y hostil para nuestras defensas. Este fenómeno se conoce como efecto Warburg.
- El ejercicio ayuda a regular este entorno fisiológico.
- El ejercicio de alta intensidad genera lactato a nivel muscular, lo que en ciertos modelos ha sugerido que podría "quitarle" el alimento (sustrato de lactato) al tumor, poniéndole las cosas mucho más difíciles para sobrevivir.
4. Control hormonal y metabólico
En tumores que dependen de hormonas, como el de mama, el ejercicio es crucial porque:
- Reduce los estrógenos y el IGF-1, sustancias que el tumor utiliza como combustible para crecer.
- Disminuye la grasa visceral, lo cual mejora drásticamente el pronóstico de la persona.
En resumen, aunque el ejercicio no "mata" las células cancerígenas por sí solo, crea un ecosistema biológico favorable para que el organismo se defienda y bloquea los mecanismos que el tumor utiliza para expandirse. Por ello, se insiste en que el paciente debe entender el ejercicio como un enemigo directo de su enfermedad.
El quinto punto del seminario se centra en el manejo de la fatiga oncológica y la estructuración del ejercicio a lo largo de las distintas fases de la enfermedad, subrayando que el movimiento debe adaptarse al momento específico que atraviesa el paciente.
A continuación, se detalla la información proporcionada en las fuentes sobre estos aspectos:
1. La naturaleza de la fatiga oncológica
Se define la fatiga oncológica como un síntoma que no es normal y que se diferencia del cansancio común porque no desaparece con el sueño o el descanso,.
- El círculo vicioso: Los pacientes suelen pensar que ante el agotamiento deben dejar de moverse, pero esto genera un declive físico que aumenta la sensación de cansancio, creando una "pescadilla que se muerde la cola",,.
- El ejercicio como solución: El entrenamiento de tipo cardiovascular y respiratorio es el mejor aliado para combatir esta fatiga, ya que ayuda a generar un "depósito de gasolina" que permite al cuerpo afrontar mejor actividades cotidianas como subir escaleras.
2. Las fases de la intervención (El Continuo Oncológico)
El ejercicio debe implementarse siguiendo el continuo de la enfermedad, ajustando los objetivos en cada etapa:
- Prehabilitación (Antes del tratamiento): Es el periodo previo a cirugías o al inicio de fármacos. El objetivo principal es preparar el cuerpo aumentando al máximo la capacidad cardiovascular. Es un momento idóneo para aplicar intensidad, ya que el paciente aún no tiene la carga acumulada de los tratamientos, lo que mejora drásticamente el pronóstico postoperatorio,.
- Durante el tratamiento: En esta fase se debe ser muy preciso con el ajuste de la dosis de ejercicio. Se deben monitorizar efectos secundarios como náuseas o pérdida de masa muscular. Aunque algunos pacientes toleran bien la alta intensidad, en otros es necesario reducirla para asegurar que el cuerpo pueda recuperarse adecuadamente de la quimioterapia o radioterapia,.
- Después del tratamiento y Supervivencia: Una vez finalizadas las terapias principales, el foco se pone en paliar los efectos secundarios persistentes y en la recuperación funcional para mejorar la calidad de vida a largo plazo.
- Enfermedad avanzada: El objetivo aquí es estrictamente la mejora de la calidad de vida. Se requiere una valoración física muy cuidada para no provocar daños, adaptando la dosis a lo que la fisiología del paciente sea capaz de tolerar en un estadio avanzado,.
3. Individualización y seguridad
El seminario insiste en que no se puede dar una recomendación general de "vete a caminar", ya que eso no constituye un plan de ejercicio que cambie el pronóstico.
- Valoración previa: El especialista debe analizar informes oncológicos, analíticas y detectar riesgos como metástasis óseas o linfedema para diseñar un programa seguro.
- El papel del farmacéutico: Debe identificar al paciente que arrastra los pies o se queja de fatiga extrema para informarle de que el ejercicio es un "fármaco" más y derivarlo a profesionales especializados o clínicas deportivas oncológicas,,.
En conclusión, el mensaje clave para el paciente es que el ejercicio debe iniciarse cuanto antes mejor, incluso si se siente cansado, para construir una base física que le proteja durante todo el proceso oncológico,.
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